¿Cómo derribar los muros de un salón de clases para que el conocimiento académico se encuentre cara a cara con los productores en el campo? Esa fue la pregunta en la mente de Juan Pablo Giraldo cuando Solidaridad – Colombia asumió el reto de organizar por primera vez el Diplomado en Medición, Análisis y Reducción de la Huella de Carbono, dirigido a 100 caficultores de cinco municipios del departamento del Tolima.

Juan Pablo, coordinador en el programa de café de Solidaridad, había trabajado antes como docente de producción agropecuaria sostenible. De esa experiencia aprendió que las clases tradicionales de la ciudad no se pueden replicar en la ruralidad cuando se busca que la educación sea el catalizador para generar un impacto en el agro.

“La universidad tiene una enorme oportunidad de transformar el agro cuando deja de esperar que el campo llegue a sus aulas y, en cambio, sale a su encuentro. Más allá del salón de clases, es necesario ir a las fincas, conocer casos reales de éxito y, a partir de allí, socializar herramientas concretas para implementar mejores prácticas”.
Juan Pablo Giraldo
Coordinador en el Programa de Café en Solidaridad
Bajo el liderazgo de Juan Pablo, integrantes del equipo de café de Solidaridad diseñaron el currículo, pensando siempre en cómo adaptar los conceptos académicos a las realidades rurales. Incluso realizaron una inmersión profunda en los municipios donde iba a tener lugar el diplomado, compartiendo varias semanas con los caficultores locales.
El equipo también recurrió a las herramientas metodológicas y actividades experienciales en finca que Solidaridad ha desarrollado a lo largo de los años, de modo que los productores aprendieran de forma interactiva y didáctica. Para reforzar los conocimientos técnicos, la ruta formativa incluyó cursos de la Carbon Farming Academy para ser impartidos vía WhatsApp.

Implementado en alianza con la Universidad del Tolima y la Gobernación del Tolima, el diplomado se realizó entre julio y agosto de este año. Con una intensidad de 80 horas, el programa académico unió a estudiantes con distintos niveles educativos y trayectoria en el campo alrededor de la gestión de huella de carbono en la caficultura.

“Tenía mi monocultivo y no me gustaban los sistemas agroforestales. Pero después de estos encuentros del diplomado me he ido convenciendo de su importancia y ya empecé a sembrar algunos árboles en mi finca. Ahí voy convenciéndome cada día más”
Cornelio
Caficultor y estudiante del diplomado

De una lección en el aula a un aprendizaje social
En vez de clases magistrales, el diplomado se desarrolló a través de encuentros liderados por técnicos de campo de la organización —provenientes de distintas zonas cafeteras—, quienes facilitaron un valioso intercambio de experiencias nacionales adaptadas al contexto de la región.
Adicionalmente, estos espacios de discusión sirvieron como un puente para conectar los conocimientos de jóvenes ingenieros agrónomos y ambientales con los saberes prácticos de productores dedicados al cultivo. Según Juan Pablo, este diálogo es fundamental para dinamizar la mano de obra y avanzar hacia la integración generacional en la caficultura.
Al mismo tiempo, el programa académico impulsó un cambio de mentalidad sobre la administración de las fincas, lo cual estuvo acompañado de una profunda integración comunitaria que se evidenció en la construcción de redes de apoyo en torno a proyectos productivos y emprendimientos locales. Así, el diplomado logró un impacto a nivel regional, posibilitando que una de las zonas con mayor producción nacional de café sea más sostenible y competitiva en el futuro.


“Este diplomado fue mucho más que transmitir conocimientos sobre el cultivo de café y el carbono: se trató de acercarnos, escuchar, compartir y construir juntos. Desde el programa de café, buscamos que tanto facilitadores de las actividades como estudiantes disfrutaran de esta experiencia. Pero, sobre todo, que nos dejará a todos aprendizajes para seguir construyendo”.