Cacao, Historia, Nicaragua

¿Cuánto dura el impacto de la asistencia técnica en campo? Nueve años después, nos reencontramos con Santos Flores de Nicaragua para averiguarlo.

Hay lazos que el tiempo, la distancia y los huracanes no pueden romper. Recientemente, el equipo de Solidaridad vivió un momento profundamente emotivo al reencontrarse con un viejo y querido amigo: Santos Flores, un productor de cacao de las comunidades de El Milán y Julio Buitrago, en el municipio de El Rama, Nicaragua.

Aunque el proyecto formal que nos unió concluyó hace algún tiempo, Santos Flores ha mantenido la comunicación con Elisa Rocha, nuestra especialista en cacao, que caminó junto a él por las parcelas en sus inicios. Este reencuentro sirvió para mirar atrás, repasar una línea de tiempo llena de retos y celebrar cómo se ha transformado la vida de su familia. Desde que inició su acompañamiento técnico, con capacitaciones y asesoría en 2018, pasando por la consolidación del enfoque de manejo integrado de paisaje en su finca en 2020 y la devastación del huracán Julia en 2022, hasta llegar a este prometedor año 2026, la historia de Santos es el vivo reflejo de que el conocimiento es un capital inmaterial que nadie le puede quitar.

2018: De ordeñar en fincas ajenas a liderar su propio cultivo

Hubo un tiempo en que a Santos no le interesaba el cultivo de cacao. «El cultivo no me llamaba la atención, no lo miraba con potencial, o como un rubro que me podía sacar adelante», confiesa. A inicios de 2018, Santos se ganaba la vida trabajando jornadas extenuantes fuera de la finca familiar, ordeñando vacas en otra propiedad, mientras la plantación de cacao de su padre permanecía en total abandono debido a la falta de interés por parte de la familia.

Fue Elisa quien sembró la primera inquietud en él con una pregunta sencilla pero directa: “¿Por qué no siembras cacao? ¿No te gusta?”. Como él no tenía tierras propias, su padre decidió darle un área en arriendo para que empezara a aprender. Santos recuerda con profunda nostalgia la primera capacitación a la que asistió ese mismo año junto a su vecino, don Mercedes Escoto:

«Nos dijeron que nos iban a entregar unas herramientas. Y yo estaba emocionado por conocerlas o ver qué tipo de equipo nos darían para el trabajo del cacao… Fue cuando nos llevaron un paquete de documentos sobre el manejo del cultivo. Todavía hoy conservo esas herramientas de conocimiento. Fue allí donde inicié; ese fue el momento más impactante para mí, el momento en que me enamoré prácticamente de esto».

El camino inicial estuvo lleno de dudas. Su propia familia cuestionaba las horas que invertía en aprender: «Me decían: ‘Es pérdida de tiempo, el cultivo no te da… No estamos haciendo nada’”. Sin embargo, la perseverancia de Santos comenzó a derribar el escepticismo y su familia terminó haciendo suyo el cultivo al ver los primeros resultados.

2020 – 2022: La búsqueda de la planta élite

Para 2020, el esfuerzo individual de Santos se integró en una visión regional. Solidaridad impulsó formalmente una iniciativa de paisaje para impulsar los ingresos de los pequeños productores en Centroamérica. Este modelo buscaba conectar la productividad con la resiliencia climática y la sostenibilidad de todo el entorno productivo. Como señalaba en su momento María Durán, gerente de Solidaridad en Centroamérica,

Gestionar los sectores agrícola, forestal y de conservación de manera conjunta es vital para generar mejores condiciones de vida a largo plazo.

Gracias al programa PaSos (Paisajes Sostenibles), Santos no solo adoptó mejores prácticas, sino que recibió una beca para estudiar un diplomado en cacao y aprendió a desarrollar la lombricultura mediante el humus de lombriz. No obstante, el aprendizaje más valioso de esta etapa fue agudizar su mirada técnica: 

Aprendí algo muy importante, y es poder observar la plantación; fue así como pude darme cuenta de que dentro de la misma plantación que consideraba yo que era una plantación improductiva, había algo muy hermoso. Había como una minita de oro escondida, que eran plantas productivas que llamamos nosotros planta élite, de donde pude sacar ese material genético de calidad para reproducir en mi plantación.

A través de la asistencia técnica inclusiva, Santos fue adoptando técnicas de injertación, manejos estrictos de podas, control de plagas y fertilización orgánica basada en el «guarapo de estiércol»; y fue así como su parcela prosperó notablemente. Para octubre de 2022, su testimonio ya inspiraba a otros productores a nivel global a través de nuestra memoria histórica. 

2022 – 2023: Empezar de nuevo

 La resiliencia de la iniciativa de paisaje se puso a prueba de la forma más dura imaginable. En octubre de 2022, la violenta temporada de huracanes golpeó la Costa Caribe de Centroamérica. El paso directo del huracán Julia dejó un rastro de destrucción total en las parcelas de El Rama.

«Allí se cayó un poco el ánimo, pues quedamos sin ningún recurso económico. Todo fue destruido, no había nada que hacer», relata Santos con pesar. Ante un panorama donde muchos productores se desanimaron y abandonaron sus tierras de forma definitiva, Santos se sostuvo en sus dos pilares más fuertes: el apoyo incondicional de su esposa Yasmina del Carmen y el conocimiento técnico que llevaba grabado en la mente.

En ese momento crítico, el proyecto de Solidaridad en la zona ya había concluido de manera oficial. Sin embargo, el conocimiento sobre el terreno y el compromiso con el historial de trabajo duro de los productores locales seguían pesando con fuerza. Ante el riesgo inminente de que se perdieran por completo tantos años de esfuerzo, Solidaridad no se quedó de brazos cruzados: activó una campaña de recaudación de fondos en alianza con su oficina de Europa para canalizar ayuda directa a la zona de desastre.

Gracias a la movilización de esos fondos especiales, a finales de 2022 y durante el 2023, se activó un plan de contingencia y, a nivel comunitario, la experiencia de trabajar a nivel de paisaje cobró sentido a través del apoyo mutuo. Santos trabajó mano a mano con su gran amigo y productor Cristian Murillo en las labores de recuperación. Al mismo tiempo, la cooperativa local unió fuerzas con nuestro personal técnico para ingresar en brigadas a limpiar las fincas, apoyando con láminas de zinc para reparar los techos de las casas, semillas de maíz y frijol para la subsistencia inmediata, herramientas críticas. como motosierras y motobombas, que facilitaron las labores de recuperación. Asimismo, se distribuyeron plantas de cacao y especies forestales destinadas a reponer las pérdidas ocasionadas por el huracán en las parcelas cacaoteras, fortaleciendo al mismo tiempo la resiliencia productiva de las familias.

En esta difícil etapa, Santos aplicó ingeniería adaptativa sobre el desastre para ganarle a los efectos del cambio climático:

  • Rehabilitación de urgencia: Sanó, podó y levantó las plantas de cacao que habían quedado rajadas o arrancadas.
  • Manejo de suelos: Diseñó sistemas de drenaje específicos para evitar que las intensas escorrentías tropicales lavaran la valiosa materia orgánica de la parcela.
  • Sombra regulada: Estableció plátanos y árboles forestales para devolverle el microclima idóneo al cacao, aplicando la técnica del «cambio de copa» (bajando la altura de los árboles) para asegurar que ante futuros vientos, las ramas no caigan destruyendo el cultivo de abajo.

2026: El conocimiento y la experiencia es lo que permanece

Durante nuestra reciente plática, mirando con orgullo el estado actual de su plantación, Santos dejó una reflexión sobre cómo la asistencia técnica genera un impacto verdadero a largo plazo:

Hasta este momento, lo que considero que más me ayudó fue la asistencia técnica. Es lo que hoy sigo teniendo y lo que nunca se me va a ir; es algo que siempre llevo conmigo. Todos los apoyos que se nos dieron alguna vez, como fertilizantes y herramientas, fueron muy buenos, pero son cosas que pasan… El fertilizante que aplicamos al suelo, el agua se lo llevó y hoy ya no queda nada de eso. En cambio, el conocimiento nunca se termina; se queda con uno mientras uno viva.

Los números respaldan su saber. Aquella manzana arrendada con miedo en 2018 se ha transformado hoy en 2.4 manzanas en plena producción. El año pasado su finca reportó una cosecha cercana a los 80 quintales, y para este año 2026, Santos estima alcanzar con seguridad los 110 quintales de cacao de alta calidad.

Los beneficios económicos han blindado la seguridad de su hogar, permitiéndole financiar la salud familiar, la educación de sus pequeños hijos, Gricelda y Santos Jasmir, y adquirir una pequeña parcela completamente propia donde ya construyó su casa. El impacto de ver a este viejo amigo prosperar cumple con la que fuera la gran meta de este programa: fortalecer los ingresos familiares con capacitación y asistencia técnica continua a pequeños productores. Hoy en día, sus hijos caminan junto a él por los senderos, haciéndole preguntas y aprendiendo también el arte de observar el cultivo.

Antes de despedirnos, Santos envió un mensaje de gratitud infinita hacia Elisa y todo el cuerpo técnico de Solidaridad, un mensaje que define la esencia del reencuentro con un verdadero amigo del campo:

Yo quisiera decirles: muchísimas gracias. Les agradezco mucho por ese amor que tuvieron, ya que ellos no solamente miraron un salario detrás de ellos, sino que miraron a unos productores y buscaron cómo ayudar. Miraron las necesidades y nos pudieron ayudar a todos. Se esforzaron para que nosotros, los productores, pudiéramos quedar capacitados, pudiéramos quedar, como decimos aquí al buen nicaragüense, bien parados para enfrentar nosotros solos nuestro cultivo.

Santos Flores Pasos sigue soñando en grande de cara a los próximos cinco años, proyectando una finca propia aún más extensa. Con la asistencia técnica recibida como su herramienta más afilada y la mirada fija en el horizonte, no cabe duda de que este gran amigo de Solidaridad seguirá cosechando éxitos.

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